Pisteros mirando al cielo

Hoy es de esos días temidos por los once profesionales de la arcilla del torneo. Porque no se sabe hasta cuándo lloverá o cuándo volverá a hacerlo. Porque hay muchos partidos y mucha tierra mojada. Y porque “secarla” y que quede en perfectas condiciones, como si no hubiera llovido, no es cuestión de unos pocos minutos.

¿Uno imagina una gran marca de helados en la que, cada verano, todos los modelos tuviesen que ser probados y aprobados por una única persona? Pues algo parecido pasa con la tierra batida del Real Club de Tenis Barcelona. Se llama Julio Palomo y es el responsable del equipo que carga, reparte y alisa los cuatro mil kilos de polvo de arcilla que se gastan durante el torneo.

Palomo mira hoy al cielo y lo tiene claro. Prefiere días muy soleados, que sequen las pistas cual desierto de Atacama, que un torneo pasado por agua: “Si están secas se riega y ya está. Pero si llueve todo es más complicado”. Palomo sabe que en días como hoy toca “secar”, repasar, alisar, ajustar. Hacer desaparecer charcos y que el drenaje funcione a la perfección.

La gran ventaja de Palomo es que ya es todo un veterano de esos que todos los jugadores saludan. Lleva 22 años llegando a casa lleno de tierra. Y por eso se sabe de memoria, por ejemplo, las tres capas diferentes que hay por debajo de las pisadas de los tenistas. Que llegan hasta los 40 centímetros. Y que no sólo llevan ladrillo.

Y los tenistas, ¿son exigentes o maniáticos con la tarea que despliegan desde la seis de la mañana hasta las once de la noche? “Los españoles ya saben cómo son estas pistas. Rafa por ejemplo no se ha quejado ni me ha pedido nunca nada en especial. Quizás algunos tenistas foráneos nos comentan algo, pero porque no las pisan todo el año”, explica una de esas personas que, sin haber jugado nunca un partido, mima el tenis todas las horas que haga falta.

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