El sueño de ser… árbitro

Hay miles de chavales que, cada vez que saltan a una pista, sueñan con golpear y ganar como Rafa Nadal. Pero también hay muchos jóvenes que, una vez cumplidos los 16, se adentran en la carrera de los árbitros de tenis. Empezando por ser jueces de línea. Con la meta de, el día menos pensado, subir a esa prestigiosa silla para dictar todos los puntos de un partido.

Viajar mucho, trabajar con gente de otras culturas y, en definitiva, una experiencia muy enriquecedora son algunos de los grandes alicientes que se llevan los futuros árbitros en cuanto empiezan a progresar en el mundo del arbitraje.

Marc Franco es uno de esos jueces que “canta” las bolas que se salen de las líneas. Empezó con 19 años y sueña, ahora con 27, con ser juez de silla. Del Barcelona Open Banc Sabadell. Y de un Grand Slam, Wimbledon sobre todo, por qué no. “Hace falta mucha experiencia pero se trata de trabajar mucho e ir escalando”, suspira. Raúl Reales tiene sólo 25 años y en cambio él ya sabe lo que es “juzgar” las líneas de la hierba londinense. “Impone mucho, el público, todo tan ordenado y tan pautado, ¡es que no hay ni un seto mal cortado!”, recuerda Raúl.

A pesar de la edad ambos atesoran ya unas cuantas batallitas a sus espaldas. Son muchos torneos, muchos jugadores… y la vida misma. Como cuando a Marc le tocó hacer de intérprete para un tenista de habla hispana en un torneo en Holanda. El juez árbitro no entendía español. Y la falta de entendimiento estaba tensionando la conversación hasta que Marc hizo de intermediario. “Sólo quería una toalla”, recuerda entre risas. Una anécdota lingüística vivió también Raúl: “Me tocó acompañar a un tenista al baño. Y, justo en ese momento, el jugador al que acompañaba se dio cuenta de que yo hablaba en español”. Y fue entonces cuando se labró una conversación más larga y natural… y sin salir del baño.

Ambos jóvenes ya han ejercido en unas cuantas ediciones del Barcelona Open Banc Sabadell. Y, siendo optimistas, podrían ser jueces de silla de un partido del cuadro final en cuestión de poco tiempo. Tal vez dos o tres años. Están deseándolo. Y lo saben. Que hay sueños… que se acaban cumpliendo.

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