Un fondo de eternidad | Barcelona Open Banc Sabadell
25/03/2020

Un fondo de eternidad

Adoraban lo que hacían. Revolucionaron el lenguaje televisivo del tenis. Y aunque todo va tan rápido, no podemos perder el contacto con la vida y los lugares en los que nos encontramos. La realidad siempre tiene un fondo poético en un mundo que es una suma de instantes.

Se cumplen 60 años de la primera retransmisión deportiva en directo distinta al fútbol: la final de la octava edición del Trofeo Conde de Godó (el 15 de febrero de 1959 se habían inaugurado las emisiones de televisión en Catalunya con la retransmisión del partido de fútbol Real Madrid – FC Barcelona). Esa final del Godó de 1960 en el Real Club Tenis Barcelona-1899 coincidió con el estreno de una nueva pista central, “la pista mágica de Pedralbes”.

Enfrentó al español Andrés Gimeno y al italiano Giuseppe Merlo. Ganó el primer profesional del tenis en España en tres sets (6-1, 6-2, 6-1). No jugó con su habitual estilo, con su mejor recurso, servicio y volea. Su padre, que era su profesor y entrenador, le aconsejó que sólo subiera a la red para darle la mano a su adversario. Gimeno se convirtió en el primer español en ganar el Godó. Cuentan que su triunfo le proporcionó una alegría inmensa a Carlos Godó Valls, una especie de mecenas suyo.

Merlo, italiano de Merano, fue uno de los inventores del revés, un golpe que transformó el deporte de la raqueta. En semifinales ganó al australiano Roy Emerson. Gimeno llegó a la final tras eliminar al también australiano Neale Fraser. Ese año se disputó también la final del “torneo individual damas” entre “la señorita Hearther Segal y la señorita Pilar Barril Fuster”, una de las pioneras del tenis femenino español. Ganó la sudafricana Segal.

La narración de la final del Godó en TVE corrió a cargo de Carlos Pardo. Federico Gallo se encargó de las entrevistas. Pardo era una de las grandes firmas de El Mundo Deportivo y corresponsal en España de L’Equipe. Había sido nadador y waterpolista del Club Natación Barcelona, donde le enseñó a nadar el hijo del compositor Enrique Granados. Gallo, dotado de una excelente voz radiofónica, empezó en RNE bajo la tutela de Juan Viñas. Su oportunidad de oro le llegó en TVE con el programa “Esta es su vida”. Ese año de 1960 narraría la boda de la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón con el rey Balduino de Bélgica. Cuatro maratonianas horas para tratar de mejorar la imagen de España en el exterior y convertir a la joven en un modelo a seguir por la sociedad católica del país. 

Gallo, que se granjeó la confianza de Adolfo Suárez, se dedicaría finalmente a la política, como gobernador civil de Albacete, Murcia y Barcelona. Pardo pasó el testigo a Juan José Castillo, que con su voz de comentarista cinematográfico en sus inolvidables transmisiones y su exclamación “¡Entró, entró!” provocaba el júbilo de los telespectadores cuando la bola impulsada por un tenista español botaba justo en las rayas que delimitan la pista de juego.

Andrés Gimeno, al igual que Lis Arilla, Manuel Santana, Juan Manuel Couder, Juan Gisbert y Manolo Orantes inspiraron a Jaime Gil de Biedma para escribir sus versos: “Yo nací, perdonadme,/en la edad de la pérgola y el tenis”. Los poetas jugaban a tenis. JV Foix, doctor honoris Causa por la Universitat de Barcelona, explicaba en su casa de Sarrià que era costumbre jugar los domingos por la tarde a tenis y después, bailar. Un día, en el baile, una chica le preguntó si era familiar del Foix que escribía y el poeta tiró pelotas fuera: “Parece que tenemos un parentesco lejano”. Y la chica se vino arriba: “Ya le dirá cuando lo vea que es un imbécil”. (En aquella época, la gente no se tuteaba).

Foix escribía y era un juego. Decía que trabajar, en el sentido literario, era para él como disputar un partido de tenis: trabajaba en un juego de ideas, que era lo más parecido a jugar con la pelota. Salvador Espriu decía: “En este mundo todo se gana y todo se pierde”.

Gil de Biedma escribió: “Que la vida iba en serio, uno lo empieza comprender más tarde”. El lema de Foix, para quien el silencio del tenis era una consigna moral que marcaba una inclinación por la severidad ética, era: “Vivir el instante”. Cada instante es un momento de la vida que deberíamos vivir en toda su integridad. El instante es como una centella celestial. Màrius Sampere, otro admirado poeta que mezcló lo cotidiano con una metafísica no exenta de ironía, escribió: “Cada instante/es el milagro/de no morir ahora mismo”.

Cada instante encierra un fondo de eternidad.

 

Pere Ferreres